Lomas de Poleo

Foto: Alex Briseno


 
 

En el oeste de Ciudad Juárez, la metrópoli mexicana con más maquiladoras en América Latina y el lugar del planeta donde más muertos ha habido en los últimos años por efectos de la guerra del narcotráfico, Lomas del Poleo ha sido siempre una especie de mirador de esta frontera. Aireadas y luminosas, marginadas y duras, sus tierras son hoy parte de una desigual disputa en la que sus habitantes han cargado con la peor parte. Desde el sábado 20 de marzo de 2004, los terrenos de Lomas del Poleo -unas 380 hectáreas- quedaron cercadas con postes de concreto y alambre de púas, en un caso inédito, al menos para este país, en el que a sus residentes -inicialmente más de 250 familias-, se les ha impedido el derecho al libre tránsito y la libertad de ser visitados por familiares y amigos cercanos.De esa fecha a esta parte, esa colonia, una de las más viejas de Ciudad Juárez, ha sido transformada en un campo de concentración. Lomas del Poleo es ahora un área donde Pedro Zaragoza Fuentes, uno de los hombres más ricos de Ciudad Juárez, instituyó un Estado particular. Un espacio fáctico. Con leyes y policía propias. Un sitio donde lo que menos importa es la vigencia del Estado de Derecho.

 

 Pedro Zaragoza Fuentes es propietario de negocios en ambos lados de la frontera y auspiciador de importantes firmas de bienes y raíces. Ligado a la distribución de gas, leche y gasolina en México, este empresario quiere para el sólo, y a toda costa, las tierras de Lomas del Poleo. Para ello se transformó en persecutor y verdugo de familias pobres logrando ponerlas contra la pared, salvo a aquellas que aún se resisten y que no ha podido vencerlas. Como en las más terroríficas películas de gánsters, hoy, en una parte de Ciudad Juárez deambulan perros de pelea cebando al miedo. Sus gruñidos y siluetas torvas recuerdan, en plena era satelital, al rastro de segregaciones bárbaras que un día infamaron la historia.En el terreno de la política, es conocido el vínculo familiar con el Secretario de la Reforma Agraria, Abelardo Escobar Prieto, el funcionario que se ha negado a resolver el conflicto agrario en Lomas del Poleo, desde que ocupó el cargo. En alguna de sus lujosas residencias  y en otros sitios ostentosos de su propiedad, Zaragoza Fuentes ha servido comidas suculentas para la élite política del país. Por si faltara pimienta a esta vianda, sus próximos saben que de sus bolsillos han salido importantes sumas de dinero como contribución a las campañas políticas del partido de Calderón.

 

El interés de Pedro Zaragoza Fuentes sobre esas tierras no nació hasta que otros inversores pusieron sus ojos en el lugar y empezaron la proyección de un ambicioso corredor industrial que uniría muy cerca de allí intereses económicos de Nuevo México y Ciudad Juárez. En esa zona del la ciudad, antes la tierra no valía nada. Ahora su precio, se estima alrededor de 100 dólares por metro cuadrado. Este proyecto sería inalcanzable sin el concurso de dos hombres poderosos: Eloy Vallina Lagüera y Bill Sanders, dos empresarios con fuertes intereses a ambos lados de la frontera.

Vallina Lagüera es uno de los hombres más ricos de Chihuahua. Su enorme fortuna está relacionada con la propiedad de acciones en bancos en el extranjero y a jugosos negocios inmobiliarios en el país. Su poderío económico está ligado con la adquisición de 20 mil hectáreas, una  extensión de terreno similar a la mitad de Ciudad Juárez, que adquirió por cinco millones de dólares en un paraje denominado San Jerónimo, junto a la frontera con Nuevo México.

 

En Ciudad Juárez muchos le temen. Pocos se atreven a cruzarse en su camino. Cuando Bárbara Zamora, abogada del bufete Tierra y Libertad, necesitó un acta notarial que diera fe de la existencia física del cerco en Lomas del Poleo para llevarla como prueba ante un tribunal agrario a principios de 2008, la mayor parte de notarios de la ciudad declinaron ir hasta el lugar. Los abogados justificaron su renuencia a visitar Lomas del Poleo por la excesiva carga de trabajo en sus despachos. Los únicos dos notarios que aceptaron desplazarse hasta esa área para dar fe del encierro lo hicieron con temor y uno de ellos pidió a los activistas que lo contrataron que no volvieran a solicitar sus servicios.

Fue en marzo de 2004 cuando la gente de Zaragoza cercó la colonia. De la noche a la mañana Lomas del Poleo quedó atrás de una barda de alambre de púas. En esas fechas un  grupo de hombres se apostó en los alrededores de un gigantesco tanque de agua. Desde allí empezaron a vigilar el movimiento de los colonos. Cuando éstos bajaban a trabajar a la ciudad, los cholos aprovecharon la ocasión para destruir las casas, quemar las marraneras y tumbar los árboles. La mayor parte de las lilas, unos árboles frondosos y de hojas pequeñas y oscuras, llevaban más de veinte años sembradas en Lomas del Poleo. La historia de su savia plantada en un lugar sin agua no importó a sus devastadores. Aurelio Carranza dice que desde el inicio de la refriega, Lomas del Poleo y sus habitantes fueron sometidos a un régimen de vejaciones en el que el encierro y aislamiento han sido de los males mayores. De su vieja camioneta saca esa tarde una serie de papeles y recortes de periódicos arrugados y los exhibe a los ojos del periodista. Cuenta a su manera cómo un día a la entrada de Lomas del Poleo se instaló un enorme portón gris donde hombres armados impiden todavía el paso a los ciudadanos de esta ciudad y esculcan minuciosamente las pertenencias de cada una de las 17 familias que aún habitan detrás del cerco.

 

 “Nos cerraron todas las calles”, dice Aurelio Carranza en alusión al día en que su colonia quedó tapiada. “Nosotros pensábamos que sólo el municipio tenía la facultad de abrir y cerrar calles, pero aquí un particular le valió madres y nos dejó sin donde caminar. No le importó que el Instituto Federal Electoral tuviera registrada la nomenclatura de nuestra colonia. Aunque Zaragoza dice que Lomas del Poleo no existe, hay pruebas que lo desmienten. Mire, aquí está mi credencial de elector. Lleva el nombre de la calle y el número de lote de la casa donde vivo”, señala. Dentro de la colonia, detrás del cerco, según se ve desde aquí, señala hacia el sur Martín Gabino, quedó atrapada la escuela primaria federal Alfredo Nava Sahagún. A sus alumnos, todos menores de edad, se les acosa para evitar que asistan a clase. El 14 de mayo de 2003, la Comisión Federal de Electricidad desconectó la electricidad en esa zona. Mediante el recurso legal de un amparo, Zaragoza Fuentes logró que la empresa pública más importante de energía en el país optara por una acción extraña y sin precedentes: levantar todos los postes y el cableado de suministro eléctrico de una comunidad dejando sin luz a sus habitantes. Desde entonces, el vecindario pareció haber dejado de existir en el tiempo y en el espacio. Mientras manos oficiosas borraron su huella topográfica y escritural de diversas oficinas públicas, sus moradores se transformaron en fantasmas que aún vagan en busca de justicia.

 

 La sospechosa ineficacia de las autoridades mexicanas para remediar el conflicto en esa área y restituir el estado de derecho en Lomas del Poleo ha obligado a sus pobladores a recurrir a organismos internacionales de derechos humanos para que intervengan y denuncien las atrocidades cometidas en el lugar. Desde 2009 Amnistía Internacional solicitó a las autoridades mexicanas protección para los residentes de esa área. Sin embargo, hasta la fecha, sus peticiones han sido insuficientes, aunque el acoso ha bajado solo “un poco de intensidad”, señala Martín González. Los días 21 y 22 de septiembre de 2010, Amnistía Internacional se refirió a Lomas del Poleo como “un asunto grave, donde ha existido un desalojo forzoso de personas de bajos recursos, similar a otros sucedidos en países como Nigeria”. Esta declaración fue hecha pública antes de la Cumbre Del Milenio, celebrada en Nueva York. La afirmación de AI tiene que ver con la estrategia de tierra quemada en ese punto de Ciudad Juárez, cuya primera etapa cumplió con la destrucción de más de 150 casas. Desde la llegada de la gente de Pedro Zaragoza, el suplicio se instaló en el lugar. Los perros fueron envenenados. El agua dejó de ser suficiente. El transporte público desapareció. De la noche a la mañana los moradores se quedaron sin luz eléctrica. El 15 de septiembre de 2004, los trascabos destruyeron  la capilla Jesús de Nazaret, el único espacio religioso con el que contaban los colonos. Bill Morton, su párroco, fue presionado y literalmente echado del país. A los proveedores de las cinco tiendas se les impidió el paso. Sus propietarios cerraron por miedo.

Fuente:http://www.fronterad.com/?q=print/2656