Se fue Al Gore, no los problemas ambientales

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Se fue Al Gore, no los problemas ambientales

 

Iván Restrepo

 

Estuvo en México tres días el candidato más votado por los ciudadanos de
Estados Unidos en las elecciones presidenciales de 2000. Otro es el que despachó
en la Casa Blanca, gracias a argucias legales. Pero Al Gore sigue siendo noticia
por su labor de divulgación de los problemas que ocasiona el cambio climático, por proponer
medidas para detener lo que parece inevitable: que el mundo industrializado siga
con un consumo energético desaforado, con un estilo de vida derrochador y sin políticas
para alentar el uso de energías renovables en vez de los hidrocarburos y el carbón.
Cuando Gore era vicepresidente de su país, en la época de Bill Clinton, llevó con tino
las negociaciones de su país en torno al Protocolo de Kyoto. Si Estados Unidos no aprueba
todavía la adhesión a este acuerdo, se debe a los intereses de las grandes compañías
que dejan sentir toda su influencia en el Congreso, donde se ratifican los acuerdos
internacionales. Con Bush esa influencia empresarial es total.

Pero Al Gore es un político nato, al más depurado estilo. Por eso su excelente documental
Una verdad incómoda, lo presentó hace casi un año en Europa. Allí tuvo el reconocimiento
que merece. Como en París, ante los integrantes de la Asamblea Nacional de Francia. No
sé si allá cobró en euros por decir lo que los centrosde investigación más prestigiosos
del planeta y las agencias gubernamentales han producido los últimos años en torno al
aumento de las temperaturas en el mundo, sus efectos y la manera de evitar lo peor. En
noviembre pasado, ese documental fue presentado en México, en San Ildefonso, en una cena
de gala para lo más granado del empresariado nacional, convocado por Pronatura, la
institución también patrocinada por las grandes empresas. El hecho apenas lo consignó
la sección de sociales de un diario capitalino. Es que no vinoAl Gore.

Lo hizo hace una semana, previo pago de 200 mil dólares (incluyen hospedaje y demás
viáticos). Visita organizada por las autoridades de la ciudad de México, que en mayo anterior
habían hecho exitoso acto de presencia en Nueva York para abordar algunos de los pendientes
ambientales de la capital. Pero esta visita sirvió para muchas cosas. En primer lugar, para
que el licenciado Calderón repitiera, una vez más, su vocación ambiental, su militancia
ecológica, aunque en los hechos las instancias burocráticas que deciden sobre esos asuntos
se llenen con políticos del PAN que quedan desocupados o necesitan de un pago en nómina por
servicios prestados en campaña. El licenciado también aprovechó para dejarse ver con el titular
de la Secretaría del Medio Ambiente, dependencia cada vez más ahogada enla maraña burocrática,
la corrupción y la ineficiencia. Y para aparecer en la foto con nuestro premio Nobel, Mario
Molina, utilizado por el sector público en cuanto acto de promoción organiza en el campo
ambiental.

Mejor es tarde que nunca, y once meses después de lanzarlo personalmente al mundo, Gore presenta
en el teatro Metropólitande la capital su galardonado documental. En el mismo formato y con las
mismas referencias mordaces a su papel de expresidente que nunca ejerció su cargo, con datos
puntuales sobre los peligros que corre México si continúa el aumento de la temperatura.
Con elogios a las autoridades capitalinas por lo que están haciendo en el campo ambiental.

Pero el distinguido visitante se olvidó de comentar los atrasos a escala nacional y local que
tenemos para enfrentar el cambio climático. Dos apenas: que siga extraviada la estrategia nacional
para prevenir los daños que ocasionará,campo en el que tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo
muestran parálisis generalizada. La otra, que todavía no existan los programas para resolver los
desajustes observados en la cuenca del valle de México. Acostumbrados por la política a fijarnos
solamente en los que arrastra la capital del país, olvidamos que el mayor daño está ocurriendo
en su área metropolitana, devoradora incesante de áreas verdes y de recarga del acuífero y
generadora de contaminantes diversos.

Se fue Al Gore, pero ahí siguen los problemas.

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